El Iridio. Fue descubierto en 1803 por el químico ingles Smithson Tennant (1751-1815), quien se dio cuenta de que, debido a lo fuerte de sus enlaces moleculares, este metal era sumamente duro y pesado, tanto que un cubo de 30 centímetros marca en la balanza 650 kilos. También es uno de los elementos más raros de la naturaleza. A pesar de que es muy resistente a la corrosión, no se emplea en al industria de la construcción por ser difícil de maleabilidad.